jueves, 30 de agosto de 2007

XTRM


Hay algo que no entiendo, el deporte extremo. Parece ser que el objetivo es no morir en el intento. Es decir, arriesgar la vida y que la adrenalina que produce la cercanía de la muerte sea la recompensa, es la sensación del casi la quedo pero no. Interesante, se trata de la misma gente que usa un cinturón de seguridad en el auto mientras se dirige a un acantilado para tirarse de cabeza al mar y rogar que la marea juegue a favor porque parece que las piedras están un poco duras desde hace millones de años. ¿Qué necesidad tienen? ¿No es suficiente con zafar de los peligros diarios? No, quieren más. Trepar una montaña, saltar en una soga colgando de un puente, esquiar por una cornisa de hielo, felices los tipos, eso sí que es arriesgado, y dicen después en un almuerzo: “casi me mato, je je je”. Es como un suicidio indeciso, hacer todo como para matarse pero también todo lo posible para evitar la muerte, ¿en qué quedamos, por qué mejor no te quedás en tu casa? Si definimos que deporte es una actividad física gobernada por una serie de reglas en una competencia, ¿a quién le gana el paracaidista? ¿Al suelo? Tal vez tengas suerte y no mueras en tu intento de hacer Apnea o Parkour, pero te ganes una hemiplejía, un derrame, una rotura de 24 huesos, y así y todo puedas decir con orgullo: “no sabés qué grosso.” Ahora clasifiquemos un poco, ser basurero no es menos deporte extremo que los antes mencionados, pero es poco cool, hay olor feo, no a lugar. Correr el colectivo que se va cuando llegás tarde al trabajo, pararte en un para avalanchas en medio de la barra brava, manejar entre empedrado y baches, caminar ligero sobre baldosas flojas, sobrevivir a un shopping un domingo nublado, ¿por qué son actividades menospreciadas? ¿Siempre tiene que ser en lugares paradisíacos para que valga? Además, está esa cosa de tipo encerrado en una oficina, que vive en un edificio, y de golpe resentido sale a la naturaleza a desafiar las leyes de la física para probarse que está vivo. ¡Andá a vivir al campo y dejate de joder! Otra definición, turismo aventura, tremendo, impactante, por una semana somos Indiana Jones. Ya no basta con ir a la playa, no, ahora hay que treparse a una soga y que algo del cielo te revuelque por el agua. Dar una vueltita por las sierras, no, trecking, y usar indumentaria especialmente diseñada para nabos que reniegan de la ciudad. Bermuditas de tela del futuro, las remeras Dry Fit, las zapatillas con 37 suelas distintas, las medias cortitas, el Ipod, el bidoncito de agua anatómico, y siempre transpirados con esa mirada agotada pero una mini sonrisa de “qué bien me siento” mientras elongan apoyando la espalda en un árbol, y se sienten distintos, distintos por un rato hasta que retomen la rutina. ¿Qué les pasa, no jugaban cuando eran chicos? No se a ustedes, pero a mi los deportistas extremos me parecen igual de insoportables que el chico en la bicicleta del viejo chiste “mirá mamá, sin dientes”.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo. De todas maneras les tenes que tener algo de paciencia


dingo