
¿Cuál es el mejor sistema de gobierno? Varios han pasado y fracasado. La mayoría, como es de esperar, prefiere la democracia, o sea el gobierno del pueblo elegido, valga la redundancia, por la mayoría, siempre respetando las libertades individuales (cosa que no hace una nefasta dictadura) hasta el punto en que no sabemos bien de qué sirve ser libre para morirse de hambre (cosa que también hace una nefasta dictadura.) Aunque el pueblo no gobierna de manera directa sino que lo hace a través de sus representantes que son elegidos por medio del voto, el cuentito de siempre. Y aquí viene una cuestión, ¿a quiénes representan los representantes? Uno apenas si conoce a la pasada y sin detalle al primer apellido en una extensa lista, pero el resto son los desconocidos de siempre. Por ejemplo, el que ocupa el tercer lugar tiene el mismo voto si es electo diputado que el que encabeza la lista, por lo tanto, si ni el famoso cumple sus promesas, ¿qué va a cumplir aquel que no prometió nada? No sería muy pesimista de mi parte creer que la política, medio de la democracia, sólo sirve para dar poder al que se dedica con esmero y nada más a juntar una buena cantidad de sufragios. ¿Cuáles son los méritos previos de nuestros gobernantes para haber accedido a un cargo de semejante responsabilidad? Comencemos por el presidente, éste seguramente antes fue gobernador, y antes de eso diputado o senador, ¿y antes?, bueno, tal vez algún municipio o ministerio, ¿y más atrás?, con suerte un título de abogado, y mucha militancia política, mucha. Podemos decir que si realizó buenas gestiones en los cargos anteriores esto lo capacitó para seguir avanzando en el escalafón, sería lo lógico de suponer, pero en este tema la lógica carece de toda lógica. ¿Alguien puede afirmar que los últimos presidentes que tuvimos, y tenemos, fueron electos en su cargo gracias a sus virtudes en el desempeño de sus funciones exitosas y comprobables en otros cargos menores y que eso conformó un currículum indiscutible para acceder al sillón de Rivadavia? No parece ser así. Digamos que en orden de acumular honores que califiquen como lo hace cualquier vecino a la hora de buscar un trabajo, los políticos se valen sólo de influencias, subordinaciones, pactos, sociedades, traiciones y chantajes, acciones bastante más similares a un cónclave mafioso que a la excelencia de ser el mejor. En la mafia el más pesado, el que fue capaz de cualquier cosa con tal de ascender peldaños sin importar las consecuencias es finalmente el que llega a capo. En nuestro sistema de gobierno es lo mismo. Cualquier matón imbécil que reparta y proteja a los suyos y sume a la pasada un poco de propaganda es candidato a algo. Si su nombre figura en una lista alguien lo va a votar. Y, teniendo en cuenta que el voto es obligatorio y todos debemos ir a votar bajo pena de infringir la ley, las posibilidades aumentan considerablemente. Más aun si el candidato pertenece a alguno de los partidos más importantes, y ni pretendo explayarme sobre la implicancia del factor educación que causalmente es diezmado cada año que pasa por esta casta, un pueblo educado como corresponde jamás los elegiría, ellos lo saben muy bien. Ahora bien, si lo que digo es al menos en parte cierto, lo que tenemos no son dirigentes capaces de llevar el país hacia un destino de gloria sino que obtenemos en cambio luego de unas elecciones, tan transparentes como el Río de la Plata, una banda de chacales mafiosos con el legítimo poder en sus manos sucias para hacer, literalmente, lo que les venga en gana. Cuando votes, pensá en eso un segundo, aunque sea sólo un segundo
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