
Quiero, a partir de ahora, arrancar con una serie esporádica y caprichosa de comentarios sobre distintos aspectos de la música, no la formal de conservatorio, simplemente la de esos cantantes, grupos y canciones que nos acompañan desde siempre.
Desde que tengo memoria siempre escuché música. Al principio eran los discos y cassettes que había en casa, mi introducción. Recuerdo discos dobles de música disco en mis primeras adquisiciones, y Dinastía de Kiss, claro. Pero desde entonces mis gustos ya se definían como eclécticos, y del country podía pasar a Seru Giran. Llegó la adolescencia, mi cabeza era un descomunal Ipod esperando llenarse a su total capacidad. Con 12 o 13 años logré una amistad comercial con el dueño de una disquería que me grababa compilados en cassette de lo que sonaba entonces, todo me venía bien, cada tapa de disco era un misterio que necesitaba resolver, y eran millones con sus colores y tipos de raros peinados nuevos. La radio FM, los hermanos mayores de amigos, y por supuesto esos maravillosos compañeros de colegio que conocían cosas nuevas y me las pasaban. Nunca voy a olvidar una mañana temprano arriba del colectivo rumbo al colegio, por suerte había conseguido un asiento, a mitad del recorrido sube un compañero con su walkman. Sin decir nada se sacó los auriculares y me los puso en mis oídos, me voló la cabeza. Cuando terminó el tema le pregunté qué era eso, My Way por Sid Vicious me contestó. Magia pura, ¿cómo no conocía el punk? Con los Sex Pistols llegaron The Clash, The Ramones. Mientras por otros lados venían U2, The Smiths, The Cure, Talking Heads. Nunca era suficiente. Gracias al Parque Rivadavia y todos los trasnochados que nos dábamos una vuelta un domingo de mañana por ahí siguieron apareciendo sonidos cada vez más extraños y fascinantes. The Doors, Velvet Underground. Como un agujero negro fui absorbiendo todo lo que pasaba cerca y no tanto. Del fumón conocí Bob Marley, de ahí al reggae. De un loco que robaba más que lo que trabajaba en una de las disquerías de culto aún con vida de una galería de Cabildo vino Joy Division. Todo el rock nacional de los 80’s que crecía a mi ritmo, los grupos parecían multiplicarse como ranas en una noche de verano. Hice noches de museo y me di una vuelta por la Prehistoria, Elvis, Chuck Berry, Buddy Holly, Eddie Cochran, Gene Vincent, Little Richards, dinosaurios cuyos gruñidos todavían retumban fuerte en un parlante.Tempranito hubo otra gente que me subió el volumen y empezó a sonar AC/DC, Iron Maiden, Metallica, Van Halen, y decenas de grupos maquillados con pelo largo. Tuve mi etapa Blues con BB King y Stevie Ray Vaughan a la cabeza. Faltaba más aun, los clásicos: Clapton, Bowie, Led Zeppelín, Pink Floyd, y por supuesto los Beatles y los Rolling Stones, cada uno me esperaba paciente, como lo hicieron con las generaciones anteriores, con su extensa discografía a entera disposición para que mis raíces se afiancen. Con Run DMC me acerqué al Hip Hop y de la mano de Dr. Dre me animé a más. El bueno de Marvin Gaye me hizo enamorarme del Soul. Y ni siquiera me atrevo ahora en hablar de los años 90, too much! Demasiada música como para enumerar a todos los responsables de haberme convertido en el espíritu inquieto y sediento de música que nunca abandoné, incluso hoy, 30 años después.
Nota a las corporaciones que hoy protestan por el intercambio de música vía download. Es cierto que llega mucho menos dinero en concepto de royalties a los autores (y muchísimo menos a ustedes, los que nos vendieron lo mismo en distintos formatos.) Los artistas ganan cada día más con sus más frecuentes que nunca shows en vivo, ahí la platita va en gran proporción directamente a ellos, y los estadios los llenan esos irrespetuosos que cantan todo lo que suena y aprendieron bajando gratis de internet pero pagan sus honerosas entradas sin protestar. Cambió el negocio, a llorar menos y a adaptarse. A ustedes discográficas subsidiarias de mega multinacionales les digo que el intercambio gratuito existió desde siempre, que nunca lo van a poder detener, que es la base para formar futuros músicos u oyentes. Los que están le pasan la posta a los que vienen, el conocedor introduce al neófito, los sonidos pasados se convierten en el futuro. John y Paul se conocieron intercambiando discos, lo mismo que Mick y Keith, los gustos afines los unieron, y el resto de la historia la conocemos todos. ¿Hubiera sido igual el mundo actual?