Hace una semana y casi de casualidad volví a ver a Metallica, por tercera vez. Para la ocasión llevé puesta una remera que aguardaba estoica por 18 años volver a ser. Al segundo tema dije por dentro: "los perdono", y me permití disfrutar del recital. Fui un gran oyente de sus discos, todos y cada uno hasta Garage, Inc. inclusive. Luego hubo muchos años en los que los tuve montados en un huevo por sus actitudes de estrellitas del metal que suben al Olimpo y olvidan lo básico, resultando en discos malos y muy malos, más tirarse al mundo en contra cuando se pusieron en burgueses anti piratería, ellos que compusieron Seek and Destroy, triste. Pero realmente son grandes músicos y siguen siendo capaces de pasarte por arriba por 2 horas. Battery, Master of Puppets, One, Fade to Black, y hasta el himno a prueba de boludos que es Enter Sandman, joyas para sacudir la cabeza. Prefiero aun hoy la versión vikingo de Hetfield, pero esta nueva versión buena onda que charla con el público y dedica mucho tiempo en explicar lo que significan sus fans y el amor que nos tienen era de esperar, tengo la teoría que los front men a cierta y avanzada edad se convierten en Paul Stanley, demagogo como nadie. Ojo, no hay nada de malo en ello, envejecer como Paul es muy digno, verlo en calzas con su cara maquillada no tiene nada de patético, lo banco a morir, y termina siendo entendible que para un tipo que ama tocar en un estadio con gente con ganas todavía de pagarte una entrada para escuchar lo mismo por enésima vez esa gente deba ser recompensada con cariño, en exceso.
(Las ilustraciones son de mi mística remera, ambos lados)
