
Lo digo yo, el Oscar es una mierda pero digan lo que digan lo quieren todos, hasta los Brandos que no se presentan a retirarlo y mandan a un indio para supuestamente mostrar su conciencia social o los Woody Allens que se quedan tocando el clarinete porque es cool. Para la gran mayoría ruidosa el Oscar es además una medición de genitales masculinos así que cuando te toca la estatuilla podés mostrarles a tus pares toda la longitud del tuyo (inmediatamente crecido a tamaños que pondrían en aprietos a King Kong) y así gozar viendo a colegas, competencia, el que te gastaba en tercer grado, a la que no quiso salir con vos, como se les cae la mandíbula de envidia, furia, o cualquier sentimiento que se disfrute que sufra otro a causa tuya a modo de revancha. James Cameron dijo ser el Rey del Mundo cuando ganó por la bazofia de “Titanic” y se lo creyó nomás porque después, mucho después, hizo “Avatar”, otra bazofia eterna, que hoy es la película más taquillera de la historia, destronando a una de un barco que choca contra un iceberg y se hunde, ¿les suena? Este tipo había hecho “Terminator” y “Aliens”, peliculones, pero la ansiedad de reconocimiento te lleva por otros rumbos. ¿Y Spielberg? Ganó su primer Oscar por “La Lista de Schindler”, donde lava su culpa judía millonaria narrando el Holocausto en blanco y negro 50 años después, pero “Tiburón”, “Encuentros Cercanos del Tercer Tipo”, “E.T.” o las dos primeras de Indiana Jones son las que lo hicieron ser quién es (era) y nunca más fue. Podemos decir sin temor al error que para el mundo (no sólo del cine) un Oscar pesa mucho más que su valor en oro. Siempre están las sospechas por ciertas nominaciones o premios, que la comedia nunca gana, que actuar el papel de un incapacitado te suma chances, que dependiendo la época el pertenecer a una minoría te deja afuera o te premia sin merecerlo, compensaciones ridículas, homenajes tardíos o póstumos, lo que sea, pero todos quieren al pelado dorado para su repisa. Sin embargo la Academia (que no es Racing Club) de Hollywood, con todo su poder a cuestas y sus millones de rating, en cada entrega anual a veces se manda mocos impresentables e indignantes, no hablo de sorpresas simpáticas u obviedades muy predecibles, hablo de errores catastróficos donde terminan poniéndole la corona a un film que será olvidado en un par de meses por sobre una obra maestra, cada cual tendrá su ejemplo, yo tengo los míos que todavía me dan bronca, una bronca que viene en el primer caso desde...
El 25 de marzo de 1991 se llevó a cabo la 63 entrega de los Oscars. Ese mismo día en el Shrine Auditorium de Los Angeles se cometió una atrocidad, una barbarie. Los afamados e infames miembros de la Academia creyeron ser más importantes que la historia y le entregaron el premio a mejor película a “Danza con Lobos”, un espanto de Kevin Costner que siguió por años en ese camino de cine y lo suyo fue fracaso tras fracaso. ¿Quién se acuerda hoy de ese film? Nadie, sólo el pobre afortunado de Kevin que tocó el cielo una noche para luego vivir en el infierno del éxito esquivo, quizás sea justicia divina. En competencia estaba “Ghost”, sin palabras, cómo pudo llegar ahí lo sabrá Demi Moore, también “El Padrino III” que no lograba ni de cerca llegarle a los talones a las anteriores, y “Despertares” donde un sufrido Robin Williams quería mostrarle la vida a un catatónico De Niro que despertaba tarde, otro melodrama clásico pero mejor que la ganadora. La última película de la contienda era “Buenos Muchachos” (Goodfellas) de Martin Scorsese, quien contribuía con otro clásico para la historia del cine, y en especial para el cine de gangsters donde marcaba un antes y un después. La vida dentro de la mafia pero en los rangos inferiores nunca fue mejor retratada, NUNCA. De Niro, Liotta y Pesci (ganó su Oscar por actor secundario) la rompen, hasta los extras la rompen, la película es una genialidad, música, vestuario, todo está perfecto. Pero en Hollywood pensaron que no era para tanto, que Kevin era mejor. Ni el Kevin Costner de “El Guardaespaldas” creo que duraba un minuto respirando si lo agarraban Tommy, Jimmy o Henry, es más, creo que antes para reírse un rato le hacían cantar la canción de la cocainómana de Whitney Houston, esa que usaron para la publicidad de Corky, y después lo destrozaban con bates de baseball, sin problemas para meterlo luego en el baúl del auto y enterrarlo con cal por ahí. Hubiera sido un orgasmo de celuloide ver eso.
En 1995 la ganadora fue “Forrest Gump”, la sobrevaloradísima peli que hizo el director de la inmejorable “Volver al Futuro” sobre un retrasado que narra desde el optimismo de un retrasado la historia de Estados Unidos mientras de fondo vemos el cinismo y la mierda que el retrasado no ve porque para él la vida es como una caja de chocolates y por eso es que es un retrasado, ni más ni menos. La que se quedó con las manos vacías fue “Pulp Fiction”. Sólo la escena de Christopher Walken con la historia del reloj del papá de Bruce Willis que se tuvo que meter en el culo para que llegue a manos de su hijo todo por el honor entre soldados, sólo esa escena es más que toda “Forrest Gump”. Ni el discurso bíblico (antes de vaciar un cargador en un pobre infeliz) de Samuel Jackson que es compañero de andanzas de Travolta que baila bajo los efectos de la heroína con la sensual Mia Wallace que casi muere de sobredosis y es mujer de su jefe Marsellus Wallace que recibe por popa y es salvado (katana en mano) por Bruce Willis que es el boxeador que no va a menos en pelea arreglada y mata a piñas a su rival (pelea que ni se ve), no pongo nada de eso en la balanza porque insisto que el peso específico de cualquier escena al azar, hasta la más irrelevante, de “Pulp Fiction” es superior a la caja de chocolates del retrasado que se sienta en el banco de la plaza y le cuenta su historia a extraños. Los diálogos y la música del film de Tarantino marcaron una época, la cruda y cómica violencia te hacía sentir que no sabías si espantarte o cagarte de risa, que siempre es la mejor opción. Tom Hanks lograba colarse en filmaciones antiguas gracias a la “magia” de los efectos especiales noventosos (nada del otro mundo) y eso asombraba a nabos y a tu abuela, otros preferíamos a Harvey “The Wolf” Keitel llegar antes de tiempo para limpiar un enchastre de sangre en un auto, lástima que esa sangre no haya sido de Forrest que no para de correr.