domingo, 24 de mayo de 2009

MI VIDA: BANDA DE SONIDO (Capítulo IX: The Ramones)


Lo mejor que se puede decir de The Ramones es que si los Joey, Johnny, Dee Dee estuvieran hoy vivos seguirían siendo los Ramones de todos. Nacieron Ramones y murieron Ramones, simples, muy poco sofisticados, apenas ambiciosos. Jeans chupines con más agujeros que tela, All Stars, baratitas camperas de cuero negra con cierres metálicos, flequillos post Beatles, escaso virtuosismo y tremendas ganas. Ver a los Ramones era agarrar un instrumento y armar una banda, comunismo puro, todos podemos ser músicos mientras tengamos la actitud. Nunca fui especialmente un fan aunque escuchaba sus discos, de hecho y hasta con vergüenza reconozco que ni siquiera los vi en vivo en alguna de sus 300 presentaciones en el país. Pero cada vez que pongo una canción de ellos, o suenan por ahí porque nunca dejaron de sonar, me alegro. Música pop acelerada, punk Ramone, no podés escapar de su atracción y te hace mover el pie al ritmo. Es libertad en envase musical, 2 minutos al palo que te sacan de la estructura establecida. Sheena, vos o cualquier salame puede ser un punk rocker si escuchás a los Ramones. Nunca me voy a olvidar de la última noche de un bar que manejé con lamentable suerte en la que cuando ya se trataba de agotar el alcohol y cerrar, puse un disco de los Ramones diciendo: se me fue de las manos, que sea lo que Dios quiera. Y vino el caos más divertido de la breve existencia de ese bar. Llegaron ellos al rescate, los pobres, menospreciados, nunca un disco de platino, a contramano del show business, siempre los mismos, esencia pura de lo que es el rock. Lo que darían muchos boluditos de cuentas bancarias exageradas que cantan el tema de moda por interpretar "I wanna be sedated" y sonar aunténticos aunque sea por una puta vez.