Comentar algo negativo del “Maravilloso Mundo” de Disney es para
muchos una simplemente una herejía, es violar las memorias de una infancia, y
para otros es una risa cómplice con tintes de cinismo que refleja algo que siempre
se quiso decir pero no se tuvo la valentía. Tengamos en cuenta que esto se hizo
antes seguramente mejor y nada tiene de original la idea de intentar desmoronar
el exitoso castillo de Cenicienta, o llegado el caso cualquier imperio que sea,
sólo por el hecho de molestar al poderoso, contarle las costillas, desnudarlo,
rebajarlo, buscar con lupa sus defectos, como si siquiera lo notara. En esto
que intento comenzar a escribir no hay síntomas de resentimiento, no al menos
consciente, sólo tal vez la decepción que trae la edad en la que uno ve los
hilos por todos lados y la magia es sólo un truco muy viejo. Además, es
imposible no reconocer que Disney tiene demasiadas cosas buenas en su bolsa
como para que algunas opiniones negativas logren opacar un cielo iluminado por
miles de fuegos artificiales de una noche cualquiera en el Magic Kingdom. Los
productos Disney en su amplia mayoría exhiben alta calidad, ya sea una
película, un parque, un muñeco o un crucero, pueden gustarnos o no pero difícil
es que juzguemos de berreta algo que en la etiqueta tenga las orejas del ratón.
La Magia de Disney, visualmente el polvo de hadas que desparrama Tinker Bell
con carita de buena, o una corporación monstruosa que sigue engullendo
compañías exitosas para crecer hasta donde quizás ni Walt hubiese imaginado
pero, hoy que entre otras como Pixar y Marvel también compraron Lucasfilms, es
posible que algún día sea descongelado (como Han Solo de la Carbonita) en
alguna galaxia muy muy lejana y allí también existan remeras de Mickey Mouse.
¿Nadie cree que el viejo Walt haya muerto como cualquiera, no? Imposible, la
criogenia debe haber estado al alcance de sus manos. Y como en Disney todo es
posible, magia y ficción, la biografía de su creador posee para el imaginario
popular un final abierto y esperanzador, como si fuera una de sus tantas
películas a la espera de una continuación. A medida que sigo escribiendo parece
que no había nada negativo que comentar, o tal vez el miedo de meterme con el
ratón me esté guiando por un camino conservador y políticamente correcto, algo
puede pasarte si jodés al simpático Mickey, mito o no nadie quiere averiguarlo
con sus huesos. Vayamos al grano de una vez por todas, creo que lo que me molesta es que el que haya desteñido mis memorias de infante no haya sido otro
sino el mismo Disney. Se perfectamente qué es lo que pasa con todas las cosas
que de niños veíamos enormes y maravillosas y ya con años encima vemos
ordinarias como una baldosa en la vereda. Ya había hablado del factor edad,
existe y lo sufro. A lo que me refiero es más a actitudes que cambiaron donde
se toman demasiado en serio algo tan ridículo como al Pato Donald, tan en serio
como si fuera una religión dominante o un imperio cuyos íconos fueran la patria
misma, o ambas cosas en un conjunto que no termino de definir si es patético o
tenebroso. También noto que no evolucionaron en sus innovaciones, la vieja
marca registrada, bolsillos cargados asentándose en la comodidad de una marca
impuesta que genera billones pero también le cuesta horrores seguir
reinventándose, como dije antes, compra la creatividad ajena, en los últimas
décadas toda genialidad vino de afuera. ¿Quién sabe dónde quedaron los benditos
imaginadores?, ¿por ahí en un freezer algo retro y algo moderno que flota por
el Atlántico como un mensaje en una botella? Tanto departamento de marketing
desplazando a esos pobres tipos que, como el helado Walt, una vez pensaron que
un dibujo en movimiento de un ratón en un barco a vapor podría ser algo digno
de ver. Princesas, infinidad de princesas, para niñas, Cars y Avengers para
niños, un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar. Todo muy lindo, fucsia
y verde, rojo y amarillo, un ejecutivo que nunca pudo dibujar ni un círculo con un vaso y
trillones de cajas de merchandising feliz llegando de la China milenaria, Darth
Vader y Pluto compartiendo la cama, me caen lágrimas de felicidad que terminan
enmarcadas en una oficina en Burbank, se
aúnan las músicas de el Rey León y Celine Dion que nunca se si es la Bella o la
Bestia, genial, ¿pero dónde entro yo en este mejunje?
Escrito el 28/12/2012...
