lunes, 17 de octubre de 2011

DE PARADO


Hace ya un tiempo que en nuestro país cobró cierta relevancia una vertiente del humor en vivo conocida como Stand Up Comedy. Básicamente se trata de un cómico que hace reflexiones, observaciones, en general de la vida cotidiana, de pie en un escenario vacío sólo con un micrófono en la mano. Este género es muy popular en USA desde hace varias décadas y prácticamente todo actor cómico conocido por las masas tuvo su iniciación en el Stand Up, puedo nombrar desde Seinfeld a Eddie Murphy, Bill Cosby a Steve Martin, y la lista se hace infinita. Podría seguir explicando más detalles pero a lo que realmente voy es que la versión Argentina no me hace reír. No vi todo ni a todos, pero lo que vi nada, ni una mueca. Puse predisposición, ánimo, los vi con ganas de reírme, así y todo, nada, cero risas, lo que es en definitiva el fin. Que yo no logre reírme no significa el fracaso del Stand Up argentino, es mi fracaso ante el Stand Up argentino. Pero no logro entender el por qué, ya que sería más fácil sacarme una carcajada si hablamos el mismo idioma, hablamos de cosas que me son familiares (no hay chistes de Baseball o mantequilla de maní), compartimos idiosincrasia, pero nada igual. En cambio con los comediantes americanos (de USA, y no me importa si está bien o mal aplicado) me río y mucho, de hecho he llegado a llorar de risa literalmente. ¿Por qué? No se me ocurre más que pensar que son mejores, y no porque crea que todo lo de afuera sea mejor, sólo porque llevan más tiempo haciéndolo, ya pasaron generaciones, es común y popular crecer viendo a un cómico paradito con su rutina, cada cual cultiva un estilo pero hay escuela sin distinción de razas ni credo. Y el mejor ejemplo que encuentro para explicarme es el fútbol. Porque creo es la misma razón por la que somos mejores que los yanquis pateando una pelota, tradición y popularidad. Por eso, a pesar que yo sea un mal público, celebro que haya gente que se anime al Stand Up en Argentina, porque quizás en años, tal vez no a mí pero si a mi hijo alguno logre tirarlo al piso de risa.