miércoles, 10 de septiembre de 2008

FORTRESS OF SOLITUDE

Hay que aceptar que todos como hombres tuvimos la fantasía alguna vez de ser Superman. ¿Quién no puede desear tener fuerza ilimitada, volar, ser invulnerable? Ninguno, pero estas son los poderes básicos envidiados. Hay otros más sutiles que vendrían muy bien, como el aliento que congela. Poder enfriar litros de cerveza con un soplido es algo que todo hombre admiraría. La visión con rayos de calor, ideales para un asado sin ensuciarse las manos con carbón. También la visión de rayos X, ¿o dejarías pasar la oportunidad de ver desnudas a todas las que pasen cerca? El súper oído no es el favorito masculino, es más para ellas que podrían chusmear de lo lindo. Pero más allá de todos estos súper poderes hay algo más que tiene Superman que querríamos sin dudas, y es su Fortaleza de la Soledad (Fortress of Solitude) en el Ártico. Si nunca leíste un cómic y no tenés ni idea de lo que hablo, al menos seguro que viste alguna de las películas y te vas a acordar. Por las dudas acá van unas ilustraciones para refrescar la memoria.




¿Qué puede querer el hombre más poderoso del universo? No es mujeres porque siempre anduvo con Lois Lane que no está nada mal aunque sea un tanto cargosa. Superman, a pesar de todas sus capacidades asombrosas, lo que quiere es un lugar para estar solo cada tanto, un lugar donde nadie le rompa las pelotas. Siempre ocupado salvando el mundo, corriendo de un lado a otro como Clark Kent, periodista con tendencia de prófugo. En ninguna de sus personalidades se puede quedar tranquilo y tomarse un trago con amigos, siempre algo se lo impide y Batman no le hace la gamba porque no toma alcohol. ¿Qué hace el (súper) tipo? Va y en minutos se construye una fortaleza en el medio de una montaña de hielo en el medio del Polo Norte. Ahí lleva las cosas que le gustan pero no tienen cabida en su mundo cotidiano. Y cada tanto se da una vuelta para aislarse un rato, para boludear sin que lo jodan. ¿A que no les gustaría tener un lugar así? Si bien Superman lo decora con memorias de Krypton, máquinas estrafalarias, laboratorios complejísimos, fauna de otros planetas y cosas estrafalarias propias de un súper héroe (chequear la Baticueva), en nuestro caso podríamos poner la música que sólo a nosotros nos gusta a un volumen más allá del vecino quisquilloso, colgar posters de nuestro equipo de fútbol o de minas en pelotas, meterte en la compu por horas, dejar todo tirado, y por qué no masturbarnos libres. Es como el departamento de soltero del casado, algo así. Como tantas otras proezas, Superman lo hizo, y lo disfruta.




Nada ilustra mejor la idea que este cuadrito de una historieta de 1960 donde al Hombre de Acero se le ocurre crear una fortaleza dentro de un meteorito dando vueltas por la galaxia, y si así y todo te hinchan los huevos entonces se trata de muy mala leche.