Hola, hablemos de olas sin agua mineral, la primera o la tercera, la que te salpica la jeta de Covid-19 en 2021. Pasaron el cerdo, la rata y el buey, pero lo que el mundo no resistió fue el delicioso banquete infeccioso a base de murciélagos y pangolines, vivos, tan sabrosos, tan gustosos, que da miedo pandémico aceptarlo. Se que tengo sed, vayamos al Chino de la vuelta a comprar Cepita y Manaos, hay que pasar el tiempo evitando contagios en zig zag. Me cruzo caras con velos, van y vienen, veladas de encierro sin mañana, miradas psicóticas, viviendo las Mil y Una Noches, tal vez alguna más. Veo barbijos derrotados, caídos, donde se asoma la nariz, viveza criolla cero, imbecilidad mundial uno. No importa cuándo leas esto pero la noticia urgente dice que mañana colapsa el sistema de salud, según el infectólogo que anuncie el apocalipsis, son el bueno, el malo y el feo, todos por TV, y redes para pescar. Palabras repetidas por millón de habitantes: testeos, hisopados y vacunados, promesas vacías como las jeringas, ineficiencia perenne y la piba militante con los dedos en V orgullosa del pinchazo escaso que no tuvo tu mamá que ya no respira más, expiró. Los chicos adentro, encierro cultural del que no ve como su futuro se va para no volver más que para votar oscuridad. El Estado presente te cuida porque Salud es ministerio. Pertenecer tiene sus privilegios, vas primero, VIP (Very Important Person) VP (Viva Perón), tu familia y tu amante pequeña de dorado culito impactante. Valía la pena ponerte la camperita de La Cámpora, necio y serio revoleo de heladeras para mostrar el poder de Grayskull (versión Máximo con una espada de lata), acá mando yo, joystick. Nunca tan mal ni tan peor, el infierno está encantador esta noche porque al pelado botón le tocó. El runner y el surfer al lado de Satán ríen tentados de idiotez, como la señora al sol sola contra el pelotón de la Federal, ni remar ni votar, marche una infectadura que dura como pila Duracell, importada pero nacional y popular.
miércoles, 28 de abril de 2021
sábado, 30 de diciembre de 2017
DES CONCIERTO
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Días largos que se hacen semanas sin separación de números o nombres, un flujo de tiempo continuo en el que no se cuándo es ahora o si ayer fue hace poco o mucho. Se pasa de largo pensando en que alguna vez va a haber un hasta acá llegamos y que lo que sigue es distinto, otra cosa, pero no, es el mismo cable que conecta el antes y el después a 220 para que sea rápido, más rápido, y no tenga pausa que distraiga. El paisaje se hace una mancha que se estira de costado, los colores se mezclan como un accidente de pinturas y agua que alguien desparrama de un baldazo lateral, artero y certero, no se distingue más que un estamos yendo, o volviendo. Duelen codo y muñeca de maniobrar la torpeza en movimiento de bultos pesados, apurados, por escalones y rampas, esquivando variedades de gente que alternan edades, tamaños, y andares, todos mezclados en un andén, pasillo o calle que sirven para una carrera de metas miserables por y para nada más que volver a empezar a no saber cuándo terminar.
Mientras tanto la única constante es siempre la velocidad de una vida que no deja tiempo para la reflexión.
martes, 19 de abril de 2016
CABEZA DE RATÓN Y COLA DE REY LEÓN (PARTE 1)
Comentar algo negativo del “Maravilloso Mundo” de Disney es para
muchos una simplemente una herejía, es violar las memorias de una infancia, y
para otros es una risa cómplice con tintes de cinismo que refleja algo que siempre
se quiso decir pero no se tuvo la valentía. Tengamos en cuenta que esto se hizo
antes seguramente mejor y nada tiene de original la idea de intentar desmoronar
el exitoso castillo de Cenicienta, o llegado el caso cualquier imperio que sea,
sólo por el hecho de molestar al poderoso, contarle las costillas, desnudarlo,
rebajarlo, buscar con lupa sus defectos, como si siquiera lo notara. En esto
que intento comenzar a escribir no hay síntomas de resentimiento, no al menos
consciente, sólo tal vez la decepción que trae la edad en la que uno ve los
hilos por todos lados y la magia es sólo un truco muy viejo. Además, es
imposible no reconocer que Disney tiene demasiadas cosas buenas en su bolsa
como para que algunas opiniones negativas logren opacar un cielo iluminado por
miles de fuegos artificiales de una noche cualquiera en el Magic Kingdom. Los
productos Disney en su amplia mayoría exhiben alta calidad, ya sea una
película, un parque, un muñeco o un crucero, pueden gustarnos o no pero difícil
es que juzguemos de berreta algo que en la etiqueta tenga las orejas del ratón.
La Magia de Disney, visualmente el polvo de hadas que desparrama Tinker Bell
con carita de buena, o una corporación monstruosa que sigue engullendo
compañías exitosas para crecer hasta donde quizás ni Walt hubiese imaginado
pero, hoy que entre otras como Pixar y Marvel también compraron Lucasfilms, es
posible que algún día sea descongelado (como Han Solo de la Carbonita) en
alguna galaxia muy muy lejana y allí también existan remeras de Mickey Mouse.
¿Nadie cree que el viejo Walt haya muerto como cualquiera, no? Imposible, la
criogenia debe haber estado al alcance de sus manos. Y como en Disney todo es
posible, magia y ficción, la biografía de su creador posee para el imaginario
popular un final abierto y esperanzador, como si fuera una de sus tantas
películas a la espera de una continuación. A medida que sigo escribiendo parece
que no había nada negativo que comentar, o tal vez el miedo de meterme con el
ratón me esté guiando por un camino conservador y políticamente correcto, algo
puede pasarte si jodés al simpático Mickey, mito o no nadie quiere averiguarlo
con sus huesos. Vayamos al grano de una vez por todas, creo que lo que me molesta es que el que haya desteñido mis memorias de infante no haya sido otro
sino el mismo Disney. Se perfectamente qué es lo que pasa con todas las cosas
que de niños veíamos enormes y maravillosas y ya con años encima vemos
ordinarias como una baldosa en la vereda. Ya había hablado del factor edad,
existe y lo sufro. A lo que me refiero es más a actitudes que cambiaron donde
se toman demasiado en serio algo tan ridículo como al Pato Donald, tan en serio
como si fuera una religión dominante o un imperio cuyos íconos fueran la patria
misma, o ambas cosas en un conjunto que no termino de definir si es patético o
tenebroso. También noto que no evolucionaron en sus innovaciones, la vieja
marca registrada, bolsillos cargados asentándose en la comodidad de una marca
impuesta que genera billones pero también le cuesta horrores seguir
reinventándose, como dije antes, compra la creatividad ajena, en los últimas
décadas toda genialidad vino de afuera. ¿Quién sabe dónde quedaron los benditos
imaginadores?, ¿por ahí en un freezer algo retro y algo moderno que flota por
el Atlántico como un mensaje en una botella? Tanto departamento de marketing
desplazando a esos pobres tipos que, como el helado Walt, una vez pensaron que
un dibujo en movimiento de un ratón en un barco a vapor podría ser algo digno
de ver. Princesas, infinidad de princesas, para niñas, Cars y Avengers para
niños, un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar. Todo muy lindo, fucsia
y verde, rojo y amarillo, un ejecutivo que nunca pudo dibujar ni un círculo con un vaso y
trillones de cajas de merchandising feliz llegando de la China milenaria, Darth
Vader y Pluto compartiendo la cama, me caen lágrimas de felicidad que terminan
enmarcadas en una oficina en Burbank, se
aúnan las músicas de el Rey León y Celine Dion que nunca se si es la Bella o la
Bestia, genial, ¿pero dónde entro yo en este mejunje?
Escrito el 28/12/2012...
viernes, 5 de febrero de 2016
SOY FÉLIX CON VOS
El 23 de diciembre de 2014 nació Félix, mi hijo, a la hora 22. Números.
Ya cumplió un año y un mes de vida y yo recién publico la crónica se su llegada
a nuestra familia, nuestro mundo, tal vez esto hable mal de mí que es lo que
corresponde por inconstante, siempre, pero un poco también habla del sacudón
que fue y es el pasar de ser tres a cuatro en una casa, no, soy yo nomás.
Cuando creíamos haber domesticado al encantador caos llamado Alfonso es que, un
mes antes de la fecha estimada de parto, durante una ecografía de la que
empezábamos a sospechar porque no crecía como debía, algo podía pasar, y pasó, un
corto llamado al obstetra y corrimos al sanatorio con una única orden, nace
hoy, nace el niño nuevo, ni nombre teníamos aun. En la sala de pre parto (igual
fue cesárea) fue que nos dijimos con Bárbara: ¿qué nombre le ponemos? Félix
ganó la compulsa y Félix fue un ratito después cuando morado y gritando poco
nació muy chiquito pero entero, directo a una noche de mil estudios y
monitoreos en la nursery por atrevido, por adelantarse. Lleno de cables y luces
de colores y gasas y cintas, me rompía el corazón verlo a través de una caja de
plástico, sin poder tocarlo de nuevo, tan lejos y tan cerca, para volver a la
habitación luego y decirle con voz firme a la madre en cama que estaba bien, y
le mostraba sólo una foto porque era la menos traumática. Pero como viene de
raza luchadora no nos sorprendió que al mediodía siguiente le dieran el alta y
su hermano pudo al fin conocerlo, pocos momentos como ese en la vida de uno,
ahí estaban dos potencias que se unían por el resto de sus vidas por primera
vez. Era 24 de diciembre, Nochebuena, y la pasamos como pudimos, sin Alfonso
que fue con mi familia para que se divirtiera un poco, solos madre, padre y
bebe juntos, un rato al menos, con llantos que ni pensábamos entonces que eran apenas
el comienzo de miles de una garganta poderosa, la memoria es frágil y
reincidimos, ahí estábamos pues en una clínica vacía, con una criatura que no
llegaba a los tres kilos en los brazos, padres otra vez, felices y cansados,
teníamos tantas pero tantas ganas de conocerlo que nada más importaba que
tenerlo con nosotros.
Bienvenido Félix, fuiste querido antes de existir y serás amado
para siempre, y eso, hijo mío, eso es lo más importante que vamos a vivir
juntos.
jueves, 14 de mayo de 2015
VAMOS QUE VENIMOS
26/08/2014 Rumbo a Londres
Tengo la mejor noticia para dar. Esperen, avancemos y luego
volvemos. De ahí voy a pasar a la que fuera la mejor noticia que di casi cinco
años atrás que motivó que a principios de año contara una gran noticia de la
que ya hablé acá pero sigue milagrosamente vigente. Venimos bien pero el auto
se queda sin frenos, barranca abajo. La otra cara de la moneda de la gran
noticia se convirtió sin necesidad y por desidia en el lado oscuro de la luna.
Malas noticias que por ser rutinarias y desatendidas se convirtieron en peores
sin que pueda yo ahora mesurar lo catastróficas que pueden llegar a ser aunque
la sospecha me causa escalofríos. La buena noticia es que la mejor noticia, si
hay tiempo, creamos que si, levantemos la moral, es y tiene que ser la que va a
erradicar a esa nube tormentosa.
Explico parcialmente el trabalenguas, este principio se me hizo insoportable,
pero lo voy a dejar ser.
En enero de 2015 va a nacer mi segundo hijo aun sin nombre aunque
le decimos gatito. Otro varón, vaya novedad en mi familia. En diferentes ecografías lo
vimos moverse, saltar, vimos sus huesos, el pito y las bolas (igual que nos
pasó antes con su hermano), oímos su corazón acelerado (como Flash según Flin,
para la risa de los presentes), y hoy somos tres que los esperamos con ganas de
darle la bienvenida a nuestra familia. No somos perfectos, de hecho somos tres
pelotas rebotando entre las paredes de una casa, por momentos en simetría,
otros golpeándose una con otra y rebotando para un rincón lejano para volver al
rato a los saltitos para donde por fin reposan las otras. Pero a ese kilombo de
cariño que llamamos hogar es que con la calma de la experiencia invitamos a
gatito* a formar el cuarteto rebotador, y si, por más que me oigan protestar me
animo a decir que la mayoría del tiempo está bueno.
* Félix nació el 23/12/2014, adelantándose casi un mes, en breve su propio y merecido capítulo, demorado por un tarado que soy yo.
04/05/2015 Regresando de Madrid (previo paso por Génova y Milán en el camino de vuelta)
Días fuera, lejos, muy, y toca volver, al fin, se hizo largo y
cada vez cuesta más, todo muy lindo pero siempre sos visitante cuando no estás
con los tuyos tuyos, de paso, a la pasada, con una sonrisa, divertido tal vez,
pero nunca estás del todo ahí, mostrando una versión tuya que deja ver a
trasluz, incorpóreo como holograma de calidad, hay un pedazo de vos que nunca
se fue, que está acostado en la cama con tu mujer, que está mirando como tus
hijos se duermen o se bañan, que abre la heladera sin saber para qué, de
costumbre, esa costumbre que se llama tu familia, la que hiciste y no heredaste,
tu jermu y tus pibes y vos, un lazo que no ata sino que une, ahí estás, a mitad
de camino aunque tu pasaporte cante lo contrario, teniendo una seria
conversación del corazón pero del corazón que no llevaste, eso que no entra en
una valija, vas admirando paisajes, vas tocando arte, vas oliendo historia y
embarrándote en costumbres, qué lindo decís, qué rico decís, qué grosso decís,
y lo apreciás, de verdad, pero falta algo, compartirlo y no contarlo, sos
fantasma pero bueno, sos amable, agradable, y la noche te da cosa, no asustás
por tierno, esa cama que es sólo un medio y nada más, esa cama que sólo es cama
y nada más, muy poco, casi nada como para pasar la noche de un tirón y te
despertás no una vez sino muchas, porque al margen que tu cerebro pragmático entienda
lo que pasa es que tu cuerpo se hace el boludo y te pasa factura, no es
cuestión de comodidad o sábanas frescas, es dónde, ¿entendés?, no, no entiendo
aunque creo que capaz la puedo manejar y no va a ser tan terrible, que en una
de esas me viene bien un poco de aire, claro, pero igual así y todo me termino
ahogando en sentirme sapo de otro pozo, exagero, no me ahogo, no me muero, pero
tampoco respiro oxígeno puro, es como estar en un ascensor lleno que no termina
de llegar nunca al último piso del edificio más alto del mundo, del universo,
hasta que un día, un día como hoy, empezás a volver, el viaje es largo aunque
va a terminar y vas a llegar, por momentos temés, temo, que algo salga mal, un
poco o mucho, menos o muy, que se complique, que te caguen y te la hagan
difícil, que te jodan cuando menos te hace falta, cosas que pasan cuando te
fuiste y estás llegando, se hace más largo y se estira la vuelta porque en tu
cabeza el tiempo va tan lento que no se mueve y siempre estás en el mismo lugar,
yendo y viniendo pero lejos del hogar, en la cinta transportadora que no
termina, volviendo cuando acabás de salir y sin salir aunque ya no estás ahí,
en tu lugar, en tu hogar.
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