miércoles, 25 de marzo de 2009

ANIMALIZE


No entiendo por qué, supongo que la excusa es que a los muy chicos les gusta y vende, pero hay un género en el cine muy extraño, las películas con animales que practican deportes entre humanos, o directamente son héroes de acción, también entre humanos. Lo importante de esto es que a nadie se le mueve un pelo porque un perro juegue en un equipo de basket o porque un chimpancé sea skater, en la lógica de estas películas es todo muy normal, nadie dice: ¿qué mierda hace este mono policía o a quién se le ocurrió mandar una familia de perros al espacio? No soy un experto en el tema, apenas vi los minutos finales de una en la que el equipo de fútbol femenino de USA jugaba una final mundial, o algo así, y ya faltando poco para que finalice el encuentro la arquera se lesiona y hay un penal para el equipo contrario, ¿entra la arquera suplente dirán todos?, no, entra en su remplazo un perro (o perra debería ser para no alterar tanto las reglas) y claro que ataja el penal, campeonas, festejan, imagen congelada y a los títulos de cierre. Absurdo es poco, y no es que haya algo malo con el absurdo, Monty Python es una muestra perfecta, pero es absurdo mal. Dicen en el cine que no tiene que ser real pero parecerlo. Todos aceptamos que Superman vuele, pero si vemos a Batman volando, o peor, al Comisionado Gordon, sabemos que algo anda mal. Puede ser fantasioso, pero ser lógico en su propia estructura y dentro de los límites prestablecidos. ¿A qué voy con esto?, a que si el equipo de fútbol fuera todo de perros, vaya y pase, pero que el entrenador y las jugadoras acepten que el perro ataje un penal decisivo es ridículo para cualquiera con más de 3 años, porque lo más lógico es que el perro corra y muerda la pelota. Podemos exceptuar a Homero Simpson que festejaba cuando en la tele pasaban "Hospital de Changos" donde monos operaban gente al mejor estilo mono, pero eso es humor absurdo parodiando el intelecto del protagonista y la idiotez de los guiones de las películas en cuestión. Hay gente, y más de la necesaria, que insiste con la fantasía de humanizar a los animales, ¡qué lindo, qué simpático!, el perrito con vestido no deja de ser una pelotudez suprema. Nos encantaría que hablen pero no hablan, ni cerca, no construyen civilizaciones, no batean ni capturan espías enemigos, son lo que son y nada más. Pero el delfín es inteligente como un hombre dicen ciertos ineptos, puede ser, puede que tenga el coeficiente intelectual del que disfruta viendo cine con animales inteligentes, muy cortito. Tal vez de alguna manera nos hayamos acostumbrado a ver humanos actuando como animales y ya nos de lo mismo todo, entre un Bush presidente y un simio agente secreto la diferencia es tan sutil que apenas si se nota (*).


(*) Después de leer esta frase mi mujer concluyó que era un lugar común, que esperaba más de mi, y volviendo a leer puedo decir que tiene razón, no tuve nada más original u ocurrente para finalizar un flojo trabajo, otra vez será.





Acá tiene ejemplos muuuuuuy divertidos, jajajajaja, qué risa:




































Esto fue escrito por un hamster científico.

jueves, 19 de marzo de 2009

SOLO EN LA MULTITUD


Juan Román Riquelme, el demonio o alado Román, odiado o amado, divide aguas y creo que internamente ama ser el centro. Todos hablan de él, hasta él mismo habla de él, el poder despega a la gente de la realidad, del barro al penthouse del ego. La banderita de apoyo, Topo Gigio, y el infeliz que se le ocurrió putearlo en plena Bombonera, todo fama. El supremo solitario, aislado, ve enemigos en la sopa y amigos encadenados. Se cruzó en la tele con el Diez, el 10, y hoy el ángel caído le dio la espalda a Dios, riendo. Almas incendiadas lo apoyaron, otras festejaron, pero nadie pasó por alto la ofensa, el desplante, y se habla de traición a los colores, ¿qué colores? El discípulo aprendió del maestro, poner en contra al barrio contra la nación, de Italia a la Boca, el arte del lado oscuro. Poderoso de momento disfruta el infierno, pero todo tiene un final que no prevé porque es profeta en su tierra y perdió la perspectiva desde las alturas, no mira a los ojos, inmortal. En unas décadas, fuera del estadio, será uno más, cada vez más, y seguirá riéndose o disparando divismo en excusas pueriles, pero solito en una silla, alejado, porque se ama tanto que es demasiado, y es triste porque no hay más nadie como él, eso cree.