
Juan Román Riquelme, el demonio o alado Román, odiado o amado, divide aguas y creo que internamente ama ser el centro. Todos hablan de él, hasta él mismo habla de él, el poder despega a la gente de la realidad, del barro al penthouse del ego. La banderita de apoyo, Topo Gigio, y el infeliz que se le ocurrió putearlo en plena Bombonera, todo fama. El supremo solitario, aislado, ve enemigos en la sopa y amigos encadenados. Se cruzó en la tele con el Diez, el 10, y hoy el ángel caído le dio la espalda a Dios, riendo. Almas incendiadas lo apoyaron, otras festejaron, pero nadie pasó por alto la ofensa, el desplante, y se habla de traición a los colores, ¿qué colores? El discípulo aprendió del maestro, poner en contra al barrio contra la nación, de Italia a la Boca, el arte del lado oscuro. Poderoso de momento disfruta el infierno, pero todo tiene un final que no prevé porque es profeta en su tierra y perdió la perspectiva desde las alturas, no mira a los ojos, inmortal. En unas décadas, fuera del estadio, será uno más, cada vez más, y seguirá riéndose o disparando divismo en excusas pueriles, pero solito en una silla, alejado, porque se ama tanto que es demasiado, y es triste porque no hay más nadie como él, eso cree.
1 comentario:
Estoy de acuerdo con la entrada.
Un muy interesante punto de vista sobre Riquelme, que por supuesto, sería improbable de leer en un blog "futbolero" (La inmediatez del Fóbal así lo exige).
Que peligrosamente ególatra se vuelve un individuo cuando empieza a hablar de sí mismo en tercera persona no?
Very Acid!
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