miércoles, 12 de septiembre de 2007

COMO SER UN DICTADOR EN 11 PEQUEÑOS PASOS

Aquí un pequeño manual de cómo gobernar desde el fanatismo. Si se encuentran muchas similitudes con la actualidad es apenas una casualidad, perdón, una causalidad. A aceptar o a pensar, esa es toda la diferencia, a no ser que se prefiera descansar en la inimputabilidad de la gran masa del pueblo.

1. Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único Símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.


2. Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.


3. Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. "Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan".


4. Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.


5. Principio de la vulgarización. "Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar".


6. Principio de orquestación. "La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas". De aquí viene también la famosa frase: "Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad".


7. Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.


8. Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.


9. Principio de la silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.


10. Principio de la transfusión. Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.


11. Principio de la unanimidad. Llegar a convencer mucha gente que se piensa "como todo el mundo", creando una falsa impresión de unanimidad.

Voy a dar el crédito que corresponde, esto fue escrito por un siniestro y aberrante personaje del Siglo XX, Joseph Goebbels, ministro de Hitler, ideólogo clave para el Nazismo. No hay más palabras…

miércoles, 5 de septiembre de 2007

ESPEJITO ESPEJITO, DIME QUIÉN ES EL MAS BOLUDITO


Principios de 1983, con mi hermano éramos unos recién llegados a la gran ciudad, Buenos Aires. Apenas mudados al barrio de Belgrano, a escasas dos cuadras del centro neurálgico, Cabildo y Juramento. Yo tenía 12 y él 10, platenses que no entendíamos nada de ver tanta gente, tantos autos, tanto comercio y todo junto al mismo tiempo. A la vuelta de nuestra casa había una juguetería. Éramos chicos, entiéndase, y era lógico que nos detuviéramos a mirar una juguetería, no íbamos a estar mirando heladeras. La primera vez que pasamos leímos con asombro que en la vidriera decía “Espejo Mágico”. Como quien no quiere la cosa intentábamos ver para adentro sin entrar, ¿dónde estaba el espejo mágico? No lo vimos. Nuestro primer pensamiento, en conjunto, fue: claro, acá hay cosas nuevas, raras. Pero no se nos ocurría cómo podía funcionar un espejo mágico. ¿Tanto había avanzado todo? A nuestra edad entonces todo era posible aún. Nos fuimos a casa con la duda, tímidos, advenedizos, no queríamos quedar como que no sabíamos. Pero el tema del espejo nos seguía dando vueltas en nuestras infantiles mentes, como todos habíamos visto Blancanives de Disney y a la bruja con su espejo, un poco de miedo nos daba, morbo que hacía que más lo quisiéramos todavía. ¿Llevaría pilas? Seguramente si lo ponen en grandes letras es “la novedad”, pero no nos habíamos enterado, en ese entonces ni amigos porteños teníamos, estábamos solos contra toda la Capital Federal. No se, o mejor dicho, no recuerdo, cuánto tiempo pasó en que mirábamos la vidriera con intriga sin resolver el misterio. Hasta que un buen día juntamos valor y fuimos hasta la juguetería exclusivamente para sacarnos la inquietud, llevamos la poca plata que teníamos, ¿quién sabe?, tal vez lo compremos si nos gusta. Nos animamos a entrar. Cuando una vendedora se dignó a preguntarnos qué buscábamos al darse cuenta que hacía rato estábamos mirando todo, y el local no era tan grande, le dijimos tímidos: “¿qué es el espejo mágico?” La fracción de segundos que tardó en contestar fue adrenalina pura, suspenso al estilo Hitchcock. La mujer de golpe se sonrió y contestó: “es el nombre de la juguetería.” “Ah”, con desgano dijimos como si no nos hubiera destrozado la desilusión, y compramos una máscara de goma de Spider-Man muy mal hecha, para no quedar como lo que éramos y en algún punto nunca dejamos de ser hasta hoy.