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Siempre estuve convencido que a los muertos hay que cremarlos. Además de ahorrarse situaciones incómodas a futuro como cuando te llaman para llevar los restos a un nicho o simplemente tener que sufrir con la morbosa rutina de visitar una tumba, también digamos que los cementerios son extensos terrenos inútiles que podrían ser utilizados para fines mejores que albergar carne podrida y huesos como abono, por ejemplo para que los vivos vivan ahí. No me entra en la cabeza la gente que compra su tumba en vida en un cementerio privado, no puede haber dinero peor gastado, prefiero antes dilapidarlo en adornos navideños en enero. Con mis teorías me podrán seguro saltar a la yugular los que venden mármol y placas de bronce, los floristas y sus coronas depresivas (nunca imaginé algo tan estúpido como llevarle flores a un muerto, si alguien en el mundo no las va a apreciar es el que está tres metros bajo tierra), lo lamento. Pero principalmente si cremamos a nuestros muertos nos evitamos una epidemia de zombies en el caso que ocurriera. Yo creo que tarde o temprano va a pasar. Por eso a los cabeza dura tradicionalistas que insisten con enterrar gente les pido por favor que antes de mandarlos para abajo recuerden ponerles protector bucal, pegado con Corega o algo semejante, así si se convierten en zombies después al menos son inofensivos, mejor prevenir que curar.
