jueves, 4 de octubre de 2012

DIVIDIDOS POR LA INFELICIDAD



Vivimos hoy en un país que se va dividiendo en muchos sentidos, partidos en lo ideológico y en lo social, entre realidad y ficción. A diferencia de cuando la madre Pangea se separaba en diferentes continentes y cada cual se miraba desde lejos a través del agua de mar ahora nos separamos conviviendo en la misma casa. Ya nos advirtió Martín Fierro sobre las consecuencias cuando los hermanos se pelean y sin embargo alguien desde las brumas de la cima cree que a fuerza de golpes caseros nos posicionaremos en la cima del mundo, tal vez lo cree o quiere que lo creamos. Veo ahí el punto en cuanto cada cual define cuál es nuestra real realidad y cuál es la realidad anotada en una servilleta. Hay una realidad ineludible, la que te hace doler el estómago porque la comida te esquiva o la que te encuentra con una bala adentro mientras se te escapan las zapatillas o unas monedas. Luego viene la mirada sobre los hechos, lo que a unos les conviene minimizar o negar y a otros analizar con microscopio, pero de la interpretación confeccionada (masticada y digerida) llega el mensaje que se asimila y se actúa en consecuencia. Las opciones disponibles son vaso medio lleno o medio vacío, vaso por la mitad y punto lo que no se le ocurre a nadie. Entonces nos la pasamos defenestrando al otro, porque mis defectos son suyos, también mis errores y mis omisiones. La eterna lucha del todo mal contra el todo bien. La enceguecedora luminosidad de la propaganda contra la oscura visión de la contra propaganda. Así estamos, presenciando la gran batalla entre el poder político y el poder económico por ser el dueño absoluto de la verdad, cada cual con su cuentito. Pero no todo queda ahí, porque en definitiva ese quiste es sólo un negocio, el mayor problema es cuando desde arriba nos demandan pertenecer a la mayoría (exigua por cierto, pero abrumadora a la hora de ostentar poder) o pasar a la trinchera de enfrente. Al mismo tiempo que se declara que se gobierna para la mayoría se escucha la repetición constante del para todos y todas, tantas incongruencias, se defienden todas las minorías menos las que votaron distinto. No hay postura neutral, la historia Argentina siempre fue un partido de a dos, un clásico violento. Por lo tanto creamos y encontramos enemigos hasta en la sopa (de seis pesos) como si eso fuese algo noble en sí, una patriada que huele a las patoteadas de los más grandes en un recreo de colegio. La voz del supremo sigue retumbado convenientemente: al amigo todo, al enemigo ni justicia. Las mieles de adoptar la causa y el pavor de enfrentarla porque es todo o nada, es conmigo o en contra mío. Eso si, las reglas de juego son claras, pertenecer tiene sus privilegios y olvidate de tus convicciones (si es que las tenías más allá del color del dinero.)   

miércoles, 4 de julio de 2012

TIME IS (NOT) ON MY SIDE


Nunca es todo junto, algo falta, o mucho falta, aunque no es queja, no puedo, no debo, queda mal, es desagradecido. Pero un poco más de tiempo no estaría mal. Tampoco que después vengan esas trampas clásicas de pacto demoníaco donde en el entusiasmo no leés la letra chica y terminás peor que al principio. La codicia vuelve idiota al cerebro más tuneado, por eso es mejor pisar despacio aunque lleve tiempo que no tengo. No lloro, no reclamo, es apenas el suspiro de la asfixia que provocan hojas de calendario cayendo como hojas de árbol en una tormenta con mucho Red Bull encima. Lo que tengo es mucho más valioso, fundamental, esencial y precioso que unas agujas de reloj catatónicas. Catarsis en modo teclado. Aunque convengamos que el tiempo es una convención que acomodamos al sol. Tampoco costaría mucho poner una hora más por día aunque sea una vez por semana. Es cuestión de ponernos de acuerdo, bueno, nos cuesta coincidir en temas más trascendentes y urgentes, pido por pedir, porque estoy sentado gastando el tiempo en escribir sobre el tiempo perdido con mucha menos gracia que Proust, ni hacía falta aclarar. Y ni hablar, como ahora, que vengo con un desfasaje de cinco horas, un viaje de veinte y con suerte seis dormidas en dos días. Todo un problema de tiempo. 

viernes, 27 de abril de 2012

COOL GUY JESUS




¿Reconocerías hoy a Jesús? No es una frase para poner en un calco en el paragolpes de tu auto, no intento refundar tu fe ni que participes como testigo en una rueda de sospechosos. No creo en Dios, aclaro desde el vamos. Pienso solamente en si Jesús, el ícono que nos han hecho conocer, llegara un día como hoy a estar caminando por la misma calle que vos te darías cuenta que es Él. Por más creyente devoto que seas no te creo si dijiste que si. No insistas. Seguro lo tomarías por un desprolijo bolchevique adorador de la marihuana y la primera idea que se te cruzaría por la cabeza es que necesita un buen baño urgente. Supongamos que de algún modo muy extraño y poco verosímil llegara a tus oídos que hay un tipo, que encajaría en la descripción tipo del mesías, que anda dando unos sermones que hablan del amor al prójimo y que desdeña el mundo material, ¿sigue oliendo a marihuana, no? Aumentemos la apuesta, tampoco creamos que sería tan definitivo en tu juicio este detalle, y si además te dicen que alguien dijo que conoce a alguien que estuvo en su presencia durante esas reuniones y el tipo de manera mágica (milagrosa) logró multiplicar la comida y el alcohol existente, ¿eso te daría un indicio? No me mientas, enseguida pensás lo que deben ser esas jodas que así queda esa gente. ¿Está tu cabeza de siglo XXI preparada para un Jesús? Si hoy la Biblia es una aplicación de Ipad. Porque una cosa es que te bajen una línea de dos mil años, masticada, regurgitada y vuelta a masticar, un cuentito moral con tintes Disney apto para todo público que entra justo cuando tu cabeza absorbe lo que de vueltas a tierna edad, y otra cosa es que algo semejante te pase ahora en tu cara de botox y colágeno. ¿Cuántas veces ves sin mirar gente extraña por la calle? Posibles Jesuses en versiones masculinas, femeninas y mixtas, teóricamente podría ser cualquiera o ninguno pero te chupa tanto un huevo que ni se te cruza por la mente. Entonces todo esto nos lleva a la siguiente pregunta, ¿cómo debería ser el Jesús de hoy? Y ahora agreguemos algunas hipótesis tan válidas como absurdas, todo vale. Podría ser como el mismo Jesús que vino en Navidad pero creo que, por todo lo expresado antes, nadie se fijaría en él, es un modelo que atrasa miles de años, o al menos desde los 60’s. Imaginamos que un Dios, siendo nada más ni nada menos que Dios, debe tener alguna idea de cómo presentarse en modo humano acorde a los tiempos, aunque también hubiésemos podido pensarlo entonces y nos desconcertó con un hijo de un pobre carpintero que nació en un establo. Se que me voy del tema pero quiero decir que nunca entendí el por qué de la Virgen María con todo su marketing y más versiones que Barbie y el divinamente cornudo de José tan ignorado como cruel su obligación de manifestar la fe. Sigamos, de alguna manera es esperable que Dios trataría de sorprendernos más que el final de la película El Sexto Sentido. Está bien que para Él no sea nada pero digamos que 2012 años para pensar el próximo regreso no es poco tiempo, alguna buena idea debería caerse, de las nubes. Se que puedo descartar opciones como: participante de reality show, político, Papa, magnate de 19 años propietario de algún sitio de internet de moda, conductor de TV, futbolista (que alguno que otro lo querríamos deificar no significa que sea Dios), modelo, abogado, George Lucas, yanqui o plomero. Si fuera negro ya no sería tan difícil de aceptar, de hecho su única vez fue judío, tampoco que eligiera ser mujer o transexual, ni alto o bajo, gordo o flaco, asiático o latino, pero si hay una sola cosa que sería tremendamente polémica, que fuera musulmán. Ajá, eso si que armaría un lindo kilombo. No quiero sonar pedante pero me parece que sería la forma de decir acá estoy. Dios no puede aceptar un desafío menor, tiene que estar a su altura. Y si fue crucificado por el Imperio Romano por qué no hoy por el imperio occidental con base en Washington DC. Lo imagino acusado de terrorismo ideológico y a patadas a Guantánamo, un calvario digno de la época. Algunos lo llorarían pero la mayoría seguiría pensando en cómo se carga una dirección en GPS. El tema es cómo seguiría a partir de ahí, sus seguidores, ¿se irían multiplicando con los años hasta formar otra clase de imperio como pasó antes? ¿Verían replicar la conversión en lo opuesto al origen? ¿Habrá un plan mejor esta vez? Tal vez lo sabremos algún día, si Dios quiere, claro.



Nota: al margen de todo, nunca olvidemos que Jesús fue el primer Zombie.
(en realidad fue Lázaro cuando salió de su bóveda pero lo callamos por las obvias y sensibles semejanzas con la realidad actual así que le damos el título a Jesús que tiene espalda suficiente.)


viernes, 3 de febrero de 2012

PELADO BOTÓN


A muchos les sirve a la hora de decidirse qué película ver que el afiche mencione que ganó un Oscar o que al menos fue nominada, creerán que eso minimiza las chances de clavarse viendo un bodrio, o tal vez sea otra excusa para no pensar. La lógica común dicta que los premios aseguran calidad y en eso, supuestamente, el Oscar está por encima de todos. Existen otras formas de promocionar, caza bobos, en otra oportunidad iré por la leyenda “de los productores de…” y completar con algún éxito, ¡los productores!, bueno, al menos no es el maquillador o el que sostiene un micrófono. Pero volvamos a la chapa que da ganar un Oscar. Tengamos en claro que se trata de la mejor película estrenada dentro de un año calendario y que debe estar hablada en inglés, aunque haya habido casos oscuros. Ganar el Oscar es ganar un Super Bowl o la Champions del cine, gloria máxima. Obviamente si se trata de una película extranjera lo es todo porque gana un país, se pone nacionalista la cosa, y empecemos por casa, porque acá mucho imperialismo yanqui esto y aquello, viva Cuba, pero cuando ganó “El Secreto de sus Ojos” se meaban hasta los zurditos más extremos, por poco no fue otro logro del gobierno, o tal vez si.

Lo digo yo, el Oscar es una mierda pero digan lo que digan lo quieren todos, hasta los Brandos que no se presentan a retirarlo y mandan a un indio para supuestamente mostrar su conciencia social o los Woody Allens que se quedan tocando el clarinete porque es cool. Para la gran mayoría ruidosa el Oscar es además una medición de genitales masculinos así que cuando te toca la estatuilla podés mostrarles a tus pares toda la longitud del tuyo (inmediatamente crecido a tamaños que pondrían en aprietos a King Kong) y así gozar viendo a colegas, competencia, el que te gastaba en tercer grado, a la que no quiso salir con vos, como se les cae la mandíbula de envidia, furia, o cualquier sentimiento que se disfrute que sufra otro a causa tuya a modo de revancha. James Cameron dijo ser el Rey del Mundo cuando ganó por la bazofia de “Titanic” y se lo creyó nomás porque después, mucho después, hizo “Avatar”, otra bazofia eterna, que hoy es la película más taquillera de la historia, destronando a una de un barco que choca contra un iceberg y se hunde, ¿les suena? Este tipo había hecho “Terminator” y “Aliens”, peliculones, pero la ansiedad de reconocimiento te lleva por otros rumbos. ¿Y Spielberg? Ganó su primer Oscar por “La Lista de Schindler”, donde lava su culpa judía millonaria narrando el Holocausto en blanco y negro 50 años después, pero “Tiburón”, “Encuentros Cercanos del Tercer Tipo”, “E.T.” o las dos primeras de Indiana Jones son las que lo hicieron ser quién es (era) y nunca más fue. Podemos decir sin temor al error que para el mundo (no sólo del cine) un Oscar pesa mucho más que su valor en oro. Siempre están las sospechas por ciertas nominaciones o premios, que la comedia nunca gana, que actuar el papel de un incapacitado te suma chances, que dependiendo la época el pertenecer a una minoría te deja afuera o te premia sin merecerlo, compensaciones ridículas, homenajes tardíos o póstumos, lo que sea, pero todos quieren al pelado dorado para su repisa. Sin embargo la Academia (que no es Racing Club) de Hollywood, con todo su poder a cuestas y sus millones de rating, en cada entrega anual a veces se manda mocos impresentables e indignantes, no hablo de sorpresas simpáticas u obviedades muy predecibles, hablo de errores catastróficos donde terminan poniéndole la corona a un film que será olvidado en un par de meses por sobre una obra maestra, cada cual tendrá su ejemplo, yo tengo los míos que todavía me dan bronca, una bronca que viene en el primer caso desde...

El 25 de marzo de 1991 se llevó a cabo la 63 entrega de los Oscars. Ese mismo día en el Shrine Auditorium de Los Angeles se cometió una atrocidad, una barbarie. Los afamados e infames miembros de la Academia creyeron ser más importantes que la historia y le entregaron el premio a mejor película a “Danza con Lobos”, un espanto de Kevin Costner que siguió por años en ese camino de cine y lo suyo fue fracaso tras fracaso. ¿Quién se acuerda hoy de ese film? Nadie, sólo el pobre afortunado de Kevin que tocó el cielo una noche para luego vivir en el infierno del éxito esquivo, quizás sea justicia divina. En competencia estaba “Ghost”, sin palabras, cómo pudo llegar ahí lo sabrá Demi Moore, también “El Padrino III” que no lograba ni de cerca llegarle a los talones a las anteriores, y “Despertares” donde un sufrido Robin Williams quería mostrarle la vida a un catatónico De Niro que despertaba tarde, otro melodrama clásico pero mejor que la ganadora. La última película de la contienda era “Buenos Muchachos” (Goodfellas) de Martin Scorsese, quien contribuía con otro clásico para la historia del cine, y en especial para el cine de gangsters donde marcaba un antes y un después. La vida dentro de la mafia pero en los rangos inferiores nunca fue mejor retratada, NUNCA. De Niro, Liotta y Pesci (ganó su Oscar por actor secundario) la rompen, hasta los extras la rompen, la película es una genialidad, música, vestuario, todo está perfecto. Pero en Hollywood pensaron que no era para tanto, que Kevin era mejor. Ni el Kevin Costner de “El Guardaespaldas” creo que duraba un minuto respirando si lo agarraban Tommy, Jimmy o Henry, es más, creo que antes para reírse un rato le hacían cantar la canción de la cocainómana de Whitney Houston, esa que usaron para la publicidad de Corky, y después lo destrozaban con bates de baseball, sin problemas para meterlo luego en el baúl del auto y enterrarlo con cal por ahí. Hubiera sido un orgasmo de celuloide ver eso.

En 1995 la ganadora fue “Forrest Gump”, la sobrevaloradísima peli que hizo el director de la inmejorable “Volver al Futuro” sobre un retrasado que narra desde el optimismo de un retrasado la historia de Estados Unidos mientras de fondo vemos el cinismo y la mierda que el retrasado no ve porque para él la vida es como una caja de chocolates y por eso es que es un retrasado, ni más ni menos. La que se quedó con las manos vacías fue “Pulp Fiction”. Sólo la escena de Christopher Walken con la historia del reloj del papá de Bruce Willis que se tuvo que meter en el culo para que llegue a manos de su hijo todo por el honor entre soldados, sólo esa escena es más que toda “Forrest Gump”. Ni el discurso bíblico (antes de vaciar un cargador en un pobre infeliz) de Samuel Jackson que es compañero de andanzas de Travolta que baila bajo los efectos de la heroína con la sensual Mia Wallace que casi muere de sobredosis y es mujer de su jefe Marsellus Wallace que recibe por popa y es salvado (katana en mano) por Bruce Willis que es el boxeador que no va a menos en pelea arreglada y mata a piñas a su rival (pelea que ni se ve), no pongo nada de eso en la balanza porque insisto que el peso específico de cualquier escena al azar, hasta la más irrelevante, de “Pulp Fiction” es superior a la caja de chocolates del retrasado que se sienta en el banco de la plaza y le cuenta su historia a extraños. Los diálogos y la música del film de Tarantino marcaron una época, la cruda y cómica violencia te hacía sentir que no sabías si espantarte o cagarte de risa, que siempre es la mejor opción. Tom Hanks lograba colarse en filmaciones antiguas gracias a la “magia” de los efectos especiales noventosos (nada del otro mundo) y eso asombraba a nabos y a tu abuela, otros preferíamos a Harvey “The Wolf” Keitel llegar antes de tiempo para limpiar un enchastre de sangre en un auto, lástima que esa sangre no haya sido de Forrest que no para de correr.

jueves, 26 de enero de 2012

SATÁN ODIA A VANILLA ICE


Revolución es una cadena de bares en Inglaterra, el Che es remera hace mucho, y las revueltas se organizan juntando firmas en Facebook mientras se cocinan en Twitter. A la calle salen los indignados del primer mundo que cae al segundo, mientras que en el tercero cualquiera sale y corta por lo que sea, el acto repetitivo desvirtúa el sentido y lo que genera es fastidio e indiferencia. Los ideales son frases copiadas y pegadas en los avatares que ocultan quienes somos, no logran ni el impacto de una pintada callejera. Recién leo en Rolling Stone que Vanilla Ice es acosado por un satanista y me quedo pensando en el sentido de la oración, en el sentido de Vanilla Ice y su legado en 2012, en el sentido del satanista que no se si debería acosarlo o venerarlo, en que no me interesó leer más allá del título. Mucha información todo el tiempo y en todo lugar un poco ya desinforma porque nos desvía de lo verdaderamente importante, el objetivo es conseguir algo que decir y todo es noticia aunque no lo sea pero mientras alguien se entere de un hecho sucedido es una noticia comunicada. Vanilla Ice y el satanista deben usar redes sociales, celulares y chats para comunicarse con sus mundos, micro mundos donde lo que digan impactará y durará hasta el siguiente mensaje, las mariposas viven más que eso. Se generan miles de espacios nuevos de comunicación cada minuto cuya única demanda es ser llenados con algo que decir, y eso genera la múltiple demanda de llenar con lo que sea porque lo que importa es no ver espacios en blanco y no el contenido, la velocidad por sobre la veracidad, la cantidad en su inmensidad y en su afán de expandirse sin límites destroza en tiras de cuero la piel de una calidad que se escurre hacia alguna dirección IP que conocerán sólo los miembros de alguna logia subterránea quienes deberán estar quietos mientras todo gira para preservar una luz que tal vez algún día pueda dar puntapié a una revolución que no necesite sangre ni vodka.