jueves, 30 de agosto de 2007

PLANETA DOS MACACOS





En ese sorpresivo giro de guión que hizo historia al final de El Planeta de los Simios (Planet of the Apes - 1968), nos asombramos junto a Charlton Heston, como el astronauta gay? George Taylor, al descubrir que su nave no había aterrizado por error en un misterioso y lejano mundo habitado por monos inteligentes que enjaulaban humanos sino que en realidad se trataba de nuestra propia Tierra, en un incierto futuro, la imagen de la tan neoyorquina Estatua de la Libertad semi-enterrada nos decía todo, mucho mejor que mil palabras. ¿Cómo llegamos hasta ahí? ¿Qué hicimos para que los simios nos dominaran? Uno se iba del cine con esas preguntas dándole vueltas en la cabeza, aunque no es mi caso porque la película la vi en alguna tarde de sábado de súper acción setentosa, pero al caso lo mismo da. Si, una de ciencia ficción con monos te dejaba pensando. Obviemos caprichosamente las cuatro pelis posteriores que intentaron sacar provecho del éxito de una idea, también la serie de TV y una remake de Tim Burton, dejemos pendiente el status quo de aquel glorioso final e intentemos contestar, como se pueda… y, para anticiparles les digo que todo comienza y termina con Bush. Lo que hizo hasta ahora no hace falta detallarlo, lo sabemos todos, él y sus secuaces monos en todo el mundo. Antes que termine su mandato, de puro simio que es, va a apretar los famosos botoncitos de colores creyendo, algo equivocado, que son los que le proporcionan su ración diaria de bananas de Ecuador y, ahí si, ahí vamos a presenciar los fuegos artificiales más reales de la historia de la pirotecnia desde el primer chino que jugó con pólvora cayendo de punta en nuestros balcones con macetas sin regar. Etoetó-etoetó-esto es todo amigos, oímos a Porky tartamudear antes que un hongo tamaño Trump Tower lo disperse por el espacio convirtiéndolo en el primer cerdito en el espacio. Claro, los capos actuales, los eslabones perdidos que nos gobiernan en la actualidad, bueno, no todos, los más modernos, ellos tienen protección y las explosiones no los matan, sobreviven, también varios de sus súbditos cercanos, conformando lo que va a ser llamado la población mundial, diezmada, claro, pero es lo que hay. La radiación es imbancable, alcanza picos de arco iris, y el bueno de George W. se siente un Dios vengativo, destructivo, y ya que está al pedo porque no puede ver la tele, no hay programas que no haya visto y odia las repeticiones, se dedica a soltar unos virus que tenía guardados por las dudas y se destapa su flamante plan macabro, Operación Imagen y Semejanza. Los que quedaron en lo que quedó de Francia dicen por lo bajo comiendo un queso podrido: olalá, qué será. Los humanos lentamente van pareciéndose en apariencia física al actual rey supremo emperador ahora auto-bautizado Cornelius Bush, y digo lentamente para hacer parecer que pasa bastante tiempo cuando en verdad es mucho más rápido ya que en cuestión de unos quince días son todos medio monos, o monos parlanchines, y los monos que zafaron monos quedaron. Tremendo, suena tremendo, a lo que hay que agregar que algunos resultaron inmunes a la arremetida virósica y no se transformaron en nada, puro humano nomás, y a perseguirlos, por qué, porque siempre hay que hacer cagar a la minoría diferente, por eso, ¿está claro? Hasta que estos neo simios un buen día se dieron cuenta que más divertido que cazar humanos con boleadoras era ponerlos en un humanológico y que los pibes changuitos, bien peluditos ellos y ni te cuento en verano el olor, les tiren galletitas. Pasaron los años, Bush emperador de los monos muere con algunas pulgas encima, sus gemelas heredan y así sigue la dinastía por más años de procreación hasta que una tarde soleada un extraño objeto volador no identificado colisiona. Del resto de chatarra metálica emerge golpeado y herido Charlton Heston, con un rifle en la mano y el culo lleno de preguntas.

(Originalmente publicado en http://gonzalopaz.blogspot.com/ el 20/02/2007)

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