
Empecemos aceptando algo, los hombres somos sexualmente fáciles. La prostitución masculina palidece lánguida hasta ser un numerito perdido detrás de un cero y una coma ante la exagerada y abundante prostitución femenina de infinitos rubros 59. Las damas siempre ganan algo con el sexo, desde $ 5 hasta una casa en el country (descontando los inesperados embarazos de padres fugaces que no vienen al caso.) Los caballeros siempre pagan para ponerla, hasta cuando no pagan (la comidita con velas de precio en euros, el telo berreta o VIP, etc.) La causa de esto es bien simple, al hombre común nunca jamás se le cruza por la cabeza (ninguna de ellas) la idea de cobrar por sexo, es más, considera un negoción el salir hecho sin poner plata, ¿o nunca escucharon al gil de turno que afirma con orgullo nunca haber pagado por sexo? ¡Lo poco que la habrá colocado este muchacho!, uno piensa enseguida. Pero de no pagar a cobrar existe un abismo tan grande que ni todos los polvos del mundo podrían llenar. "¿Cobrar, yo? ¿No tengo que pagar nada? ¿Vos me das plata a mí? ¿En serio?" Este tipo de diálogo no es para nada habitual en el mundo de los machos, tanto que conocer a uno que lo haya logrado es tan sencillo como dar una vuelta montados en el unicornio azul. Por una vieja calentorra que ocasionalmente le paga a un pibe por el service, nosotros vaciamos billeteras desde la pubertad hasta el ocaso, no hay comparación posible. Nuestra moral dice que: si lo que se interpone entre esa mujer y yo es un billete, entonces vaya el billete y venga la mina. En la eterna discusión de si las mujeres son el sexo débil, diría sin dudarlo que no, categórico no, ellas son el sexo fuerte. Porque se bancan las ganas hasta límites que envidiaría un experto espía capturado por el bando enemigo. Porque con un escote, o meneando el trasero, logran milagros terrenales. Porque saben desde los genes que el sexo no es gratis, el sexo cuesta, y a ponerse para ponerla. Porque somos ilusos y ellas realistas. En definitiva son las que tienen el si en su poder y, señores, eso si que es poder.
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