jueves, 30 de agosto de 2007

JOHN LENNON (POR QUÉ JUSTO ÉL)


El próximo diciembre se van a cumplir 25 años de su asesinato (no digo muerte porque nunca va a morir.) Fue una noche fresca en New York City, a la entrada del edificio Dakota, cuando un imbécil creyó que para acceder a efímeros 15 minutos de fama era necesario descargar unas balas en la humanidad de un genio. Ese mismo imbécil todavía purga hoy pura prisión, pudriéndose como corresponde. Nadie se convenció jamás de su alegato de incapacidad mental para acceder a un más liberal pabellón siquiátrico. Se trataba tan solo de otro simple imbécil más. Dice ahora estar arrepentido. Tarde, imbécil, muy tarde. Alguna vez declaró que Lennon era su ídolo (declaró milones de pavadas más que no me interesa divulgar para no otorgarle segundos famosos gratis.) Supongo entonces que habrá querido comprobar que Lennon era inmortal, lo consiguió. Claro que lamento la ausencia del hombre de Liverpool hasta hoy, lamento que este imbécil le haya negado la posibilidad de componer canciones para la posteridad, que nunca más le diera un beso a su amor, que no haya podido ver crecer a sus hijos y sentirlos hombres, simplemente vivir su vida como cualquiera. Por último, lo que más lamento es que su vida no haya quedado en sus manos sino en las de un imbécil con un revolver cargado y una mente llena de ideas idiotas, la especie más peligrosa de este planeta, y por desgracia cada vez son más.
(Originalmente publicado en http://gonzalopaz.blogspot.com/ el 28/04/2005)

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