
La tecnología al alcance de todos logró lo que no pudo nadie, hacernos escribir y leer de nuevo. Tiempo atrás, en épocas en las que las comunicaciones se basaban exclusivamente en la telefonía, nos asombrábamos porque uno podía estar hablando con Japón como si se tratara del vecino de enfrente, suponiendo que el que estaba en Japón hablara castellano, de otra manera no sirve el ejemplo. La carta escrita de puño y letra pasó prontamente al olvido, sólo algunos románticos se emperraban en plasmar en papel sus ideas y esperar unos meses en que la otra persona pudiera leerlas. Pero los genios de la informática, esos que nada más escriben números, no descansaban, llegaban incluso a llevar sus colchones a la oficina, unos fanáticos fundamentalistas. Tanto esfuerzo mental trajo consigo algunos cambios considerables. Hoy usamos a diario los e-mails, el chat, hasta los mensajes de texto en los celulares. Así comprobamos la pobre redacción de nuestros interlocutores, los espantos de ortografía, tantos años alejados de las letras tenían que causar consecuencias, no olvidemos que además nos dieron la televisión por cable, el video, DVD, Playstation, y un longitudinario etcétera. Pero gracias al marketing eso es bueno, nos ahorra tiempo dicen, y que los acentos los ponga el corrector automático del Word. También aseguran que uno puede entender una palabra mal escrita (a la que le faltan letras o tiene sílabas invertidas) si “la base está”, la mente es tan veloz que reconstruye enseguida la palabra dañada. Con tal de vender aparatitos podemos afirmar la mayor burrada sin que se nos note la sonrisa de embaucador. Lograron lo que se creía ya imposible, que escribamos y leamos, pero el cómo nos lo deben. Un caso típico en el que los medios justifican el fin, aunque ignoremos cuál sea éste. Habrá que ver si llega el día en que los tecnócratas nos implantan a precio promocional que termine en .99 un bonito chip de colores a la moda que nos brinde lo que nos falta, ideas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario