jueves, 30 de agosto de 2007

LA VIDA POR LOS COLORES


El Mundial de fútbol llega como un huracán que arrasa durante un mes cada cuatro años, y por supuesto que deja secuelas tras su paso. Durante el mes que dura el campeonato la mayor parte del mundo no contempla otra cosa que esos 64 partidos. Si comés chicles, son los del Mundial, un dentífrico o la gaseosa, del Mundial, el desodorante, cerveza, salud privada, un sacapuntas, la revista ParaTí, papas fritas, el chocolate, seguros de vida, y los celulares, todo tiene que ver con la fiebre del Mundial, todo tiene que ver con todo aunque no pegue ni con cola. A vender rápido todo el stock antes de la eliminación, o guarda que no haya campeonato y todo cotice el quíntuple. Banderas del país por donde quieras ver, todo adornado con los colores patrios, exagerado triunfalismo de propaganda de épocas de guerra, ¿dónde estarán ahora los estandartes nazis? Nuestra bandera no es la bandera de un país sino la bandera de un equipo de fútbol, a Belgrano en definitiva le habrá quedado apenas el tremendo mérito de ser el cultor de la camiseta argentina, ¿pagarán Adidas o la AFA los derechos a sus herederos? La vida por los colores. Y si, parece que cuanto más celeste y blanco tenés encima más hincha de Argentina sos. Ahora se pintan la cara, entera o los cachetes (depende la audacia), los gorros de arlequines, los boludos del Mundial, esos que copian la idea del hincha global, un Playmobil al que sólo se le intercambian los colores para acentuar la diferencia. De golpe y porrazo tenés a todas las minas, y a los salames que no miran nunca ni un aviso de Fútbol de Primera o los canales deportivos los pasan de largo con la velocidad de una picada clandestina, opinando tácticas y eligiendo jugadores con la autoridad que da el “es el mes del Mundial”, nada más. Insufribles, insoportables, se te sientan al lado y te preguntan por qué el réferi tiene casaca amarilla, ¿no era negra?, mientras sufrís por ver mal parado al 4 tuyo que habilita al 9 de ellos, gritan cuando la pelota pasa a 30 metros de la red, creen entender a la perfección este maléfico juego por ver un breve compacto en un noticiero y que, al ver un partido completo con todos sus más de 90 minutos, recién se enteran que existen los laterales y que el arquero saca del arco, abominables, desagradables. Amo el Mundial desde que tengo uso de razón, se que hay precios que pagar, aunque últimamente son muy caros para mi bolsillo.


(Originalmente publicado en http://gonzalopaz.blogspot.com/ el 29/06/2006)

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