jueves, 30 de agosto de 2007

VIDA PORNO


Aun sigo dando vueltas mirando el sol en esta aeronave de conveniente forma geoide tan encantadora como incómoda. Una calesita descomunal que alberga unas seis mil millones de vidas revoltosas, una calesita cuyo fin es el de toda calesita, girar, sólo que esta es como si además diera vueltas alrededor de la plaza. 35 primaveras tengo encima, y más o menos unas 12.775 rotaciones. A veces me mareo, y tal vez sea la causa de mi desconcierto. No entiendo mucho qué hacemos acá, para qué estamos, entre tantas cosas. El simple y enigmático ciclo de la vida: nacer, crecer, reproducirse y morir. Sabemos la respuesta, la pregunta la debemos. Pareciera que lo único atractivo del ciclo es la reproducción, o al menos sin tanto puritanismo, el hacer como que nos reproducimos, el ejercicio en sí. Podemos afirmar que crecer es el desarrollo de nacer, introducción al mundo por excelencia, y morir su desenlace, por lo tanto, reproducirse tiene que ser el nudo. Una teoría vaga pero no tan errada. ¿Será por eso que justificamos nuestra existencia? Ya que no nos reproducimos por instinto desde que nos fue concedido un cerebro más desarrollado que nos otorgó una capacidad que nos distinguió por sobre las demás especies vivas, la razón, ¿qué nos lleva a elegir reproducirnos? ¿Cuál es el sentido de engendrar humanos? No me digan que los bebes con sus sonrisitas angelicales son el motivo porque detesto comunicarles que esos mismos niñitos de inocentes y recurrentes diarreas indefectiblemente van a convertirse en un par de décadas en los adultos idiotas que estacionan su temible camioneta en la bajada para discapacitados. No sabemos por qué tenemos que hacer más unidades de nosotros, reconozcámoslo, no tenemos ni puta idea, pero en toda la naturaleza viva es la absoluta constante, un único plan: seamos más, cueste lo que cueste. Y me arrodillo humilde ante la genialidad de la madre natura, sabemos su estrategia aunque no su fin, bien, pero por las dudas que nos rebelemos ideó una trampita. Para reproducirnos necesitamos eso a lo que se le dice sexo, ajá, ¿y saben qué?, su as en la manga resultó ser el orgasmo, el clímax (sinónimo de nudo en la narrativa, lo aclaro para que vean que soy capaz de redondear una idea.) La biología humana adhiere a aquello de tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe, es decir, de tanto que les gusta tener sexo a la larga va a surgir un embarazo, aunque sea no deseado, o ignorado, y entonces se cumple el plan, hacer más. Del polvo venimos y al polvo vamos. Recapacitemos, si las relaciones sexuales no fueran tan placenteras, ¿de todas maneras lo haríamos para preservar la especie? Cada día que pasa envenenamos con polución una vez más nuestro hábitat, bombardeamos a mansalva, o diez acumulan lo que debería ser de diez mil, ¿nos podemos creer tan responsables? Resultó ser que intercambiar fluidos entre sexos opuestos es el sentido de la vida (los del mismo sexo imitan sin sumar ni restar pero le dan sentido), el futuro del homo sapiens siempre fue pornografico y será que no habrá que esperar entonces al improbable choque de planetas para decidirse a fornicar después de todo.

(Originalmente publicado en http://gonzalopaz.blogspot.com/ el 07/12/2005)

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