
¿Recuerdan a Frankestein, ese monstruo armado con un montón de partes de diversos cadáveres? Si, el milagro de la vida emergiendo de cuerpos chatarra. ¿Así se sentirán los que van al cirujano plástico para vivir al fin? A diferencia de la novela, nadie los persigue para destruirlos, en todo caso los hacen participar en novedosos programas televisivos o conducir los mismos, eso sí, al hablar no se distingue ficción de realidad. Otro era Drácula, el vampiro que rondaba de noche para succionar la sangre de vírgenes mientras de día dormía la mona con la panza llena. No es muy complicado salir una noche y ver a émulos del famoso conde, en apariencia y edad, recorrer boliches con niñas en sus faldas que bien podrían ser sus nietas. Necesitan alimentarse de juventud para no reconocerse ancianos, muerden el cuello pero más de un chupón no dejan, y generosamente permiten el drenaje de sus frondosas billeteras. Por favor no olvidemos al Hombre Lobo. Un pobre estúpido con la mala leche que una vez por mes, en luna llena, se transformaba en un mazacote de pelos largos y garras, aullando con furia, resentido. Podemos ver unos cuantos ejemplares los fines de semana en la cancha, que ante cada pitazo que consideran injusto, en realidad todos los que no son a favor de su equipo, sacan la bestia que llevan dentro y son capaces de tirar lo que tengan a mano, trepar alambrados con agilidad animal, salivar con las fauces abiertas, y claro, aullar insultos hasta dejarte sordo. También estaba el Monstruo de la Laguna Negra, ¡qué miedo, mamita! Cruzo el puente de La Boca y abajo el Riachuelo, un caldo podrido del que puede salir cualquier cosa, cualquier cosa mucho más terrible que un pescado exagerado con patas y brazos colgando, y ahí se desaparece en serio, y para siempre. De la Momia que regresaba de la tumba producto de una maldición ni quiero hacer mención, veo miles exagerando maquillaje, firmes en sus puestos que nunca abandonarán frustrando a generaciones enteras, sobreviviendo a sus víctimas, hundiéndose en interminables arrugas que continúan surcando sus rostros como rutas que quisieran completar una telaraña misteriosa. Por eso, monstruos son éstos, no me vengan con el ingenuo terror de la pantalla grande que no asusta ni un poco a los que estamos acostumbrados a convivir con verdaderos monstruos todos los putos días.
No hay comentarios:
Publicar un comentario