viernes, 4 de diciembre de 2009

ALFONSO

El 16 de noviembre de 2009 fue el día que cambió al mundo para siempre, mi mundo, nació mi hijo. Nunca voy a poder, ni querer, olvidarme del momento en el parto en que salió de pronto, violeta, enseguida empezó a llorar, lo limpiaron apenas y me lo dieron, ahí se calmó, abrió los ojos y me miró. El mundo dejó de girar, se detuvo, deben haber sido segundos pero para mi fue todo el tiempo, la eternidad, este es él, llegó, bienvenido, soy tu viejo, sos mi hijo. Se lo di a la madre que era puras lágrimas de alegría. Nada va a superarlo, los segundos más importantes de mi historia, los que justificaron mis 39 años con errores y aciertos, todo lo que me pasó, pasó para que pase esto, para que Alfonso sea desde entonces simplemente mi vida.

Se que suena a padre baboso, palabras cursis, sentimentalismo puro, e-mail con powerpoint que jamás se abre, pero debido a las limitaciones que impone el lenguaje digo que ni me aproximo a describir con exactitud ese instante, es así, tan rápido y tan de golpe, drástico, sólo él por sobre todo y todos, un segundo o una vida.

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