
Siempre tiene que volver el miedo, es menester, de otra manera parecería que no los necesitamos y el temor de ellos es convertirse en aquel árbol que se derrumba en el bosque y nadie escucha, ¿existe el ruido si no se oye? Acá estamos, vamos a salvarlos, es el mensaje insignia que oirán las hormigas aunque sólo un par de antenas perciban que se trata de una ironía cruel, ellos son el iceberg que hunde el Titanic pero prometen que no nos vamos a ahogar en un mar helado, muchas gracias. La desesperación por perder el poder lleva al absurdo, no les gusta ser maní en la medición diaria de porongas, y para eso hay que demostrar que se le puede romper el culo a muchos, si son millones mejor. Ego suicida, arrastrando pobre gente como el reverendo Jones a la salvación eterna. Dow Jones + Wall Street = Jonestown, afirma un matemático de dudosa nacionalidad que vende hot dogs en una esquina concurrida. El pánico del conservador es perder sus posesiones, sabiendo eso qué buena idea es amenazarlo cada tanto para mantenerlo esclavo de un paradigma financiero, o terrorista, pero esto último ya no asusta como en anteriores Halloweens. Al lado de Obama, Osama es un monstruo mal maquillado.
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