
Verano otra vez, la época donde el rico nada en mares muy azules y el pobre transpira sal gruesa. Las chicas muestran todo y parece ser todo lo que hacen. Los creativos quieren dar con el infaltable “tema del verano” pero se hunden en la arena de la mediocridad tirando ráfagas que no hacen blanco. Cortes de luz, cerveza caliente y música de grillos. Aunque quede poca gente en la calle siempre hay una marcha que origine un caos de tránsito, y juntos terminan reclamando algo que no pasa. El fútbol es una pelota pinchada. Los autos van a mil y chocan a mil, nuevo récord de muertos entre fierros y aceite, es indudable que no aprendemos más. Culparemos al calentamiento global, o a Cadorna, aunque lo único cierto es que cada grado se siente reduciendo a brasa lo que sus rayos tocan, factor 100 y ni eso. En las paradas de colectivos los afiches nos muestran gente perfecta sonriendo blancura estelar pero los que esperan derretidos son explosivos esperando su oportunidad de detonar. Verano otra vez, un infierno.
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